lunes, 27 de octubre de 2014

Canto de guerra parisino, Arthur Rimbaud.

La Primavera ya llegó:
del fondo de las Fincas verdes,
el vuelo de Tiers y Picard,
desplegado, su esplendor teje.
¡Culos desnudos, locos! ¡Mayo!
Escuchad, pues, cómo nos siembran
Sèvres, Meudón, Bagneux y Asnières
estas flores de primavera.
Tienen shakó, sable y tantán;
dejaron los viejos velones;
y canoas que jam... jam...jam...
los lagos con sangre recorren.
De juerga, más que nunca, estamos
cuando por nuestras madrigueras
caen los rubios cabujones
que alumbran auroras secretas.
Thiers y Picard son unos Eros
raptores de heliotropos
que pintan Corots a bombazos:
ya llegan zumbando sus tropos
Tumbado entre gladiolos, Favre
parpadea cual acueducto
con gemidos a la pimienta ...
¡Son amiguetes del Gran Truco!
La gran ciudad arde, a pesar
de vuestras duchas de petróleo:
será preciso que os vayais
para que empiece otro episodio...
¡Y los Rurales que dormitan
agachapados, día y noche,
oirán las ramas, al romperse,
movidas por rojizos roces!

Oliverio Girondo.

Gracias por la ebriedad, 
por la vagancia, 
por el aire 
la piel 
las alamedas, 
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.
Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.
Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.
Oliverio Girondo,
agradecido.

Fuegos, Marguerite Yourcenar.

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra. Leda decía: “Ya no soy libre para suicidarme desde que me he comprado un cisne”.
La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen, pero pocos hombres mueren.
No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.
Que no se acuse a nadie de mi vida.
No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.
Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.
En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.
Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.

Antonio Gómez.

Mi memoria pierde facultades,
empieza a preocuparme
que no sepa mentirme 
como antes me mentía.

Ana María Rodas.

Estamos hechos de recuerdos
de un pelo rubio
de un pecho
de cuatro
cigarrillos 
moribundos.
De rítmicos movimientos.
El ron se hunde, ruidoso, en la garganta
-10,000 células muertas-
y el deseo ametralla
en los dedos.

El Río, Julio Cortázar.

Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y su fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle) o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles[...]

Fábula, Caballero Bonald.

Nunca serás ya el mismo que una vez
convivió con los dioses.
Tiempo
de benévolas puertas entornadas,
de hospitalarios cuerpos, de excitantes
travesías fluviales y de fabulaciones.
Tiempo magnánimo
compartido también con semidioses
errabundos y hombres de mar que alardeaban
del decoro taimado de los héroes.
Qué ha quedado, oh Ulises, de esta vida.
La historia es indulgente, merecidas las dádivas.
Los dioses son ya pocos y penúltimos.
Justos y pecadores intercambian sus sueños.

Gerardo Diego.

El vals llora en mi ojal
Silencio
En mi hombro se ha posado el sueño
Y es del mismo temblor que sus cabellos.

Antonin Artaud.

Ni mi vida es completa ni mi muerte ha fracasado completamente.
Físicamente no existo, por mi carne destrozada, incompleta, que ya no alcanza a nutrir mi pensamiento.
Espiritualmente me destruyo a mí mismo, ya no me acepto como vivo. Mi sensibilidad está a ras del suelo, y poco falta para que salgan gusanos, la gusanera de las construcciones abandonadas

Josefina Plá.

Deja llevarme mi última aventura.
Déjame ser mi propio testimonio,
y dar fe de mi propia
desmemoria.
Déjame diseñar mi último rostro,
apretar en mi oído los pasos de la lluvia
borrándome el adiós definitivo.


Déjame naufragar asida
a un paisaje, una nube,
al vuelo humilde de un gorrión,
a un brote renaciente,
o siquiera al relámpago
que abra en dos mi último cielo.

Sujétame los brazos.
engrilla mis tobillos,
empareda mis párpados.
Pero tatuada una flor en la pupila,
crucificada un alba debajo de la frente,
acurrucado un beso en la raíz de la lengua,
déjame ser mi propio testimonio.

Leonora, Elena Poniatowska

"Se niega a posar para Man Ray, que pretende fotografiarla. Quien sí le gusta es su novia, Ady Fidelin, y no entiende qué le ve ella al surrealista norteamericano. Picasso es un tipo español que se cree que tiene a todas las mujeres muertas de amor. A Salvador Dalí lo conoce en la rue Fontaine, en casa de Breton, y no se inmuta porque la llame "la más importante artista mujer". 
Los surrealistas tienen por dentro un pasadizo secreto a la alegría. La burla es su arma más poderosa. Sus críticas son implacables y no perdonan a nadie, ni a ellos mismos. Reírse es curativo, lo confirman todos los médicos."

Movimiento novembrino, Miguel Labordeta.

Todo se ha vuelto claro. Nada tiene importancia.
Mi apellido no existe, pues todo fue quimera,
y mi nombre marchitó los espejos dentro de cinco siglos.
Cada espectro de Luna
me voy muriendo un beso.
Cada gota de sol
surjo un instante de oro
de mi pus y mi sueño.
Rasgo todas mis máscaras con un signo de paz.
No quiero ya más templos donde roben mi vuelo,
sino intemperie pura que incendie mi caída.
No más engaños ya. Toda verdad es vana,
casi mentira sólo.
Tienen todos los labios un cárdeno regusto
a planeta perdido sin importarle cómo.

El viento y el alma, Luis Cernuda.

Con tal vehemencia el viento 
viene del mar, que sus sones 
elementales contagian
el silencio de la noche.
Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.
Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.

El Público, Federico García Lorca.

ESTUDIANTE I. ¡Magnífico! ¿Y si yo quiero enamorarme de un cocodrilo?
ESTUDIANTE 5. Te enamoras.
ESTUDIANTE I. ¿Y si quiero enamorarme de ti?
ESTUDIANTE 5. Te enamoras también, yo te dejo, y te subo en hombros por los riscos.
ESTUDIANTE I. Y lo destruimos todo.

José Luis Sampedro.

"Para mí la universidad era lo más importante de todo. Más importante todavía que la disciplina era el enseñar, para mí la profesión de enseñante, la relación con los chicos; una relación que yo basaba en dos palabras sacadas del Juan de Mairena de Antonio Machado: amor y provocación. A mí me gustaba aquello, yo quería a los chicos, los chicos me querían a mí y entonces con el afecto se trabaja mejor. Luego la provocación, ¿para qué? La provocación para provocarles que piensen por su propia cuenta, que no acepten algo porque lo digo yo, sino porque ellos reconocen que les convence."
(Entrevista de Iñaki Gabilondo)

POEMA XVII, Dulce María Loynaz.

"Hay algo muy sutil y muy hondo 
en volverse a mirar el camino andado...
El camino en donde, sin dejar huella, 
se dejó la vida entera."

QUISE, Ángel González.

"A Susana Rivera
Quise mirar el mundo con tus ojos
ilusionados, nuevos,
verdes en su fondo
como la primavera.
Entré en tu cuerpo lleno de esperanza
para admirar tanto prodigio desde
el claro mirador de tus pupilas.
Y fuiste tú la que acabaste viendo
el fracaso del mundo con las mías."

"Un día habrá que retar a los leones, con armas totalmente inadecuadas para luchar con ellos. Y hará falta un loco que intente la aventura. Un loco ejemplar".
Antonio Machado.