domingo, 3 de abril de 2016

Orientación de los gatos.

«Vi que el gato era idéntico a Osiris y que miraba a lo lejos algo que el muro de la ventana no nos dejaba ver. Inmóvil en su contemplación, parecía menos inmóvil que la inmovilidad de Alana. De alguna manera sentí que el triángulo se había roto, cuando Alana volvió hacia mí la cabeza el triángulo ya no existía, ella había ido al cuadro pero no estaba de vuelta, seguía del lado del gato mirando más allá de la ventana donde nadie podía ver lo que ellos veían, lo que solamente Alana y Osiris veían cada vez que me miraban de frente.»

Vuelven las ganas, poco a poco y respirando azul clarito. 



lunes, 27 de octubre de 2014

Canto de guerra parisino, Arthur Rimbaud.

La Primavera ya llegó:
del fondo de las Fincas verdes,
el vuelo de Tiers y Picard,
desplegado, su esplendor teje.
¡Culos desnudos, locos! ¡Mayo!
Escuchad, pues, cómo nos siembran
Sèvres, Meudón, Bagneux y Asnières
estas flores de primavera.
Tienen shakó, sable y tantán;
dejaron los viejos velones;
y canoas que jam... jam...jam...
los lagos con sangre recorren.
De juerga, más que nunca, estamos
cuando por nuestras madrigueras
caen los rubios cabujones
que alumbran auroras secretas.
Thiers y Picard son unos Eros
raptores de heliotropos
que pintan Corots a bombazos:
ya llegan zumbando sus tropos
Tumbado entre gladiolos, Favre
parpadea cual acueducto
con gemidos a la pimienta ...
¡Son amiguetes del Gran Truco!
La gran ciudad arde, a pesar
de vuestras duchas de petróleo:
será preciso que os vayais
para que empiece otro episodio...
¡Y los Rurales que dormitan
agachapados, día y noche,
oirán las ramas, al romperse,
movidas por rojizos roces!

Oliverio Girondo.

Gracias por la ebriedad, 
por la vagancia, 
por el aire 
la piel 
las alamedas, 
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.
Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.
Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.
Oliverio Girondo,
agradecido.

Fuegos, Marguerite Yourcenar.

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra. Leda decía: “Ya no soy libre para suicidarme desde que me he comprado un cisne”.
La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen, pero pocos hombres mueren.
No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.
Que no se acuse a nadie de mi vida.
No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.
Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.
En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.
Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.

Antonio Gómez.

Mi memoria pierde facultades,
empieza a preocuparme
que no sepa mentirme 
como antes me mentía.

Ana María Rodas.

Estamos hechos de recuerdos
de un pelo rubio
de un pecho
de cuatro
cigarrillos 
moribundos.
De rítmicos movimientos.
El ron se hunde, ruidoso, en la garganta
-10,000 células muertas-
y el deseo ametralla
en los dedos.

El Río, Julio Cortázar.

Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y su fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle) o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles[...]